Por Gavin Newsom y Lenny Mendonca
SACRAMENTO – Existe una paradoja en el corazón de la economía estadounidense. Mientras el gobierno federal impone aranceles generalizados, muestra hostilidad hacia el comercio multilateral y desconcierta a los inversores a largo plazo con una política errática, un estado se ha convertido en el destino más confiable de Estados Unidos para el capital global: California, la cuarta economía más grande del mundo y el segundo estado exportador de Estados Unidos (con 188.000 millones de dólares en exportaciones anuales de bienes). En 2024, el PIB de California creció un 6%, superando a Estados Unidos, China y Alemania.
No se trata de una provocación partidista, sino de una afirmación fundada en datos duros y en la experiencia directa: hemos construido la arquitectura institucional que ha hecho que el estado sea resiliente ante la volatilidad de la política federal. Como gobernador y como exasesor económico y empresarial que ayudó a diseñar la estrategia de inversión internacional de California (una iniciativa que ahora dirige Dee Dee Myers), emprendimos misiones comerciales en Europa, Asia, Canadá y América Latina; actividades de divulgación directas entre el gobierno y las empresas; y acuerdos de inversión a largo plazo (con 42 asociaciones internacionales firmadas solo durante esta administración).
Ahora esa estrategia está dando sus frutos. Casi 19.000 empresas de propiedad extranjera operan en California, lo que supone más de 814.000 puestos de trabajo y unos 89.000 millones de dólares en salarios para los californianos -una cifra que ha crecido incluso cuando la política comercial federal se ha vuelto más proteccionista-. La Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos confirma que California se sitúa constantemente entre los dos o tres primeros estados en cuanto a nueva inversión extranjera directa.
Sin duda, hay que reconocer los obstáculos que ha creado la administración del presidente Donald Trump. Los aranceles hacen subir los costos de los insumos en todas las cadenas de suministro, y la imprevisibilidad de las políticas frena los compromisos de capital a largo plazo que impulsan la inversión productiva. Ningún estado, por grande que sea, está totalmente aislado de las condiciones macroeconómicas nacionales.
Estos sectores y muchos otros están atrayendo un capital sustancial para la innovación y la expansión de las empresas que definirán nuestro futuro.
Las más de 61.000 empresas exportadoras de California enfrentan una exposición real a los aranceles de represalia, al igual que los agricultores y ganaderos cuyos principales mercados de exportación -México, Canadá y China- han sido objeto de la política comercial federal. Pero para las empresas internacionales que siguen comprometidas con el mercado estadounidense, la cuestión no es si invertir o no, sino dónde.
En este sentido, California ofrece algo que el gobierno federal no puede ofrecer actualmente: previsibilidad. Las normas claras en materia de emisiones crean certeza en la demanda de inversiones en energía limpia, y las protecciones laborales bien establecidas reducen el riesgo de litigios a largo plazo. Con un compromiso demostrado de una década con la transición verde, California se destaca entre los fabricantes internacionales de vehículos eléctricos (VE) y otros insumos de la cadena de suministro de baterías. No encontrarán condiciones similares en ningún otro lugar del país (al menos en una escala comparable).
Como dijo recientemente un ejecutivo de la empresa británica Octopus Energy, “la política de apoyo y el espíritu emprendedor de primer orden” de California convierten al estado en “un lugar ideal para respaldar asociaciones de inversión a largo plazo”. Esa valoración vino acompañada de un compromiso de inversión de casi 1.000 millones de dólares en el sector de las tecnologías limpias de California. Muchos otros inversores internacionales se han establecido en California por las mismas razones. Nuestro sector de energía limpia da empleo a más de medio millón de trabajadores y está creciendo tres veces más rápido que la economía en general.
Hay tres sectores que ilustran con mayor claridad el patrón de éxito de California. En el ámbito de las tecnologías limpias y la infraestructura climática, las regulaciones de Autos Limpios Avanzados del estado, el sistema de comercio de derechos de emisión y las normas sobre energías renovables, líderes en el país, crean la certeza de la demanda que necesitan los inversores en energía solar, almacenamiento en baterías, hidrógeno e infraestructura para VE antes de comprometer capital a gran escala.
Tras haber añadido más de 30.000 megavatios de nueva energía limpia y capacidad de almacenamiento desde 2019, California genera ahora el 67% de su electricidad a partir de fuentes limpias, y se está trabajando para alcanzar el 100% para 2045. Este objetivo, tan ambicioso como alcanzable, crea una vía de inversión duradera que va mucho más allá de cualquier administración federal.
Del mismo modo, en el ámbito de las ciencias de la vida y la biotecnología, las universidades de investigación líderes a nivel mundial de California, su experiencia en materia de regulación y los efectos de agrupación en el Área de la Bahía y San Diego siguen atrayendo capital europeo y asiático del sector farmacéutico y de la tecnología médica a un ritmo sin precedentes. Y en materia de inteligencia artificial e infraestructura digital, el ecosistema de empresas emergentes de California y su fuerte liderazgo en talento y capacidad informática la convierten en el destino por omisión para la inversión tecnológica internacional -una posición reforzada por la ambivalencia federal hacia la gobernanza de la IA, que ha creado un vacío normativo que California está empezando a llenar.
Estos sectores y muchos otros están atrayendo un capital sustancial para la innovación y la expansión de las empresas que definirán nuestro futuro. Algunos líderes empresariales se muestran escépticos con respecto al entorno regulatorio de California, y no se equivocan al afirmar que el costo de hacer negocios en California sigue siendo elevado. Las reformas del proceso de concesión de permisos están avanzando, pero son incompletas, y la asequibilidad de la vivienda está limitando el mercado laboral -un desafío que exige una atención constante, concretamente en lo que respecta a la oferta de vivienda.
Ahora bien, estos problemas no se resuelven de la noche a la mañana. El Plan Económico “California Jobs First” reconoce el trabajo que hay que hacer. Mientras tanto, los inversores extranjeros están haciendo valoraciones comparativas: la cuestión relevante nunca es si una jurisdicción es perfecta, sino si ofrece o no la mejor combinación disponible de escala de mercado, estabilidad institucional, calidad de la mano de obra y previsibilidad regulatoria para una estrategia de inversión determinada. En ese sentido, para una gama cada vez más amplia de categorías de inversión, las ventajas de California siguen siendo formidables.
Nuestro marco de inversión siempre ha tenido como objetivo ser duradero a lo largo de las administraciones y los ciclos económicos. Y ahora, las relaciones internacionales, los acuerdos sectoriales y la certeza regulatoria que hemos establecido están demostrando su resiliencia en un entorno nacional inesperadamente turbulento, lo que reivindica nuestra estrategia.
La experiencia de California ofrece lecciones que van mucho más allá de nuestro estado. En una economía global caracterizada por el aumento de las fricciones geopolíticas y la volatilidad política, la previsibilidad y la apertura son ventajas competitivas. Las jurisdicciones que lo entiendan atraerán el capital, el talento y las asociaciones que determinan la prosperidad a largo plazo. California no esperó a Washington. Sacó sus propias conclusiones desde el principio, creó sus propias instituciones en consecuencia y ahora está cosechando los frutos.
Gavin Newsom es gobernador de California. Lenny Mendonca es socio emérito sénior de McKinsey & Company y exasesor jefe de Economía y Negocios del Estado de California.
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