En el quinquenio 2009-2014, Panamá puso en marcha la industria del etanol. El quinquenio siguiente, la empresa productora fue arrastrada a la quiebra. Sin duda, los intereses económicos primaron sobre los intereses nacionales y así nació y así murió la industria del etanol. Hoy nuevamente nos encontramos en el debate de una ley que revive la industria del etanol. Pero nuevamente afloran los intereses particulares por encima de los nacionales. ¿Necesitamos una industria del etanol en Panamá? La lógica dice que si no somos un país productor de petróleo, el etanol es una buena alternativa. Ahora bien, el etanol debe ser una industria que se sostenga por sí sola y no a través de la obligatoriedad. Eso de meterle el etanol hasta un 10 por ciento a las gasolinas que usamos, solo parece indicar que le quieren garantizar el negocio a los industriales. La ley debe apalancarse en dos puntos: no obligatoriedad para ningún consumidor y no permitir la importación del etanol. La industria debe servir para crear empleos y una sana competencia y no favorecer intereses particulares. ¡Así de simple!
Editorial escrito por el periodista Gerardo Berroa Loo


