Trains Dreams y One Battle After Another muestran dos lados de Estados Unidos: el del país que se forjó superando obstáculos insalvables y el de un presente de polarización, donde la libertad es amenazada en nombre de la seguridad nacional
One Battle After Another, de Paul Thomas Anderson, Frankenstein, de Guillermo del Toro, Sinners, de Michael B. Jordan, y Train Dreams, de Clint Bentley, están entre las favoritas para llevarse el Oscar a mejor película este domingo, en la ceremonia a realizarse en el Dolby Theatre de la ciudad de Los Ángeles.
La primera cuenta con un elenco de lujo, conformado por actores tan talentosos y dispares como Sean Penn, Benicio del Toro y Leonardo DiCaprio. Con la maestría exhibida en títulos como There Will Be Blood e Inherent Vice, Anderson cuenta la historia de un grupo subersivo que opera desde la clandestinidad en los Estados Unidos.
En un desenlace digno de una «road movie», Dicaprio se reúne con su hija, intepretada por la actriz Chase Infiniti, quien seguriá con el legado revolucionario de sus padres, a pesar de la feroz persecusión de los organismos de inteligencia estadounidenses.
En cuanto al resto de los contendientes, tanto Frankenstein como Sinners son historias con personajes extraídos del clásico imaginario del terror. Por un lado, el realizador mexicano Del Toro presenta una adaptación bastante fiel de la novela de Mary Shelley; mientras que en Sinners los consabidos relatos de vampiros resultan revitalizados al fusionarse con la mitología que ronda a géneros de la música popular, como el blues y el rock, desde sus inicios.
Finalmente, en Trains Dreams Bentley rescata una estampa que en cierta forma alude a una época en que Estados Unidos se forjó como nación a través de la conquista de su propia geografía. El protagonista es un peón que se dedica a talar árboles para darle paso a las vías de los ferrocarriles que le permitieron al país norteño alcanzar la integridad de su territorio.
Pero aunque dedica su vida a conectar pueblos y cuidades, Roberto Grainier, interpretado por el actor Joel Edgerton, es un hombre irremediablemente desconectado de los demás, alienado sin remedio por la tragedia de haber perdido a su esposa e hija en un incendio forestal. Son pérdidas que ocasionan fracturas que no sarán en toda una vida.
Al final, Grainier fallece solo en su cabaña, esperando el imposible retorno de su hija. Una muerte anónima, que sucede sin trastocar en lo absoluto la realidad del país que ayudó a configurar. Una nación construida por héroes olvidados, en base a sudor, sacrificios y una soledad que apenas cabe en su vasto territorio


