Este discurso fue dado por el empresario Carlos Ernesto González de la Lastra, durante homenaje ofrecido a Joaquín Vallarino Espinosa, fundador de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE)
Señoras y señores,
Las naciones no se construyen solamente con acontecimientos históricos, tratados o leyes.
Las naciones se construyen, sobre todo, con ciudadanos que creen profundamente en su destino y deciden dedicar su vida a hacerlo posible.
A lo largo de la historia de Panamá, cuando uno examina con atención los momentos en que el país dio pasos decisivos hacia su desarrollo, aparecen hombres que comprendieron que amar a la patria no es una emoción pasajera, sino una responsabilidad permanente.
Hoy estamos reunidos para honrar a uno de esos panameños excepcionales: Joaquín Vallarino Espinosa.
En la historia económica de Panamá encontramos empresas, instituciones y proyectos que han marcado el desarrollo nacional. Pero detrás de esas instituciones siempre hay algo más profundo: las ideas.
Y pocas personas comprendieron tan claramente como Joaquín Vallarino que la iniciativa privada debía ser una fuerza organizada al servicio del país.
No se limitó a pensar esa idea. La convirtió en instituciones que hoy forman parte de la arquitectura económica de Panamá.
Permítanme compartir una experiencia personal.
Cuando Panamá firmó los Tratados Torrijos–Carter, el país enfrentaba una responsabilidad histórica: crear el marco jurídico que permitiría a Panamá administrar el Canal.
El presidente Guillermo Endara designó a Joaquín Vallarino como presidente de la comisión encargada de esa tarea. Era posiblemente una de las responsabilidades más importantes que podía asumir un panameño, porque ese trabajo no consistía solamente en redactar normas jurídicas, sino en construir las bases institucionales de un nuevo Panamá.
El grupo que participaba en esa comisión era heterogéneo. Había distintas visiones, distintas experiencias y, naturalmente, diferencias.
Pero ocurrió algo extraordinario.
La motivación que emanaba de Joaquín Vallarino hizo desaparecer nuestras diferencias. Nos hizo comprender que sobre nuestros hombros descansaba una responsabilidad histórica.
Y bajo su liderazgo emprendimos el trabajo que terminó convirtiéndose en un nuevo capítulo de nuestra Constitución, que ha permitido una administración eficiente de una de las obras más importantes del mundo.
Cuando uno examina la vida de Joaquín Vallarino descubre un conjunto de virtudes que podríamos llamar el espíritu del emprendedor patriota.
Primero: visión de futuro
Joaquín Vallarino comprendía que los países no avanzan por inercia. Avanzan cuando alguien imagina el país que todavía no existe y trabaja para hacerlo posible.
Segundo: amor profundo por Panamá
No un amor retórico, sino el amor que se expresa creando instituciones, organizando la iniciativa privada y contribuyendo al desarrollo nacional.
Tercero: confianza en la iniciativa privada como motor del progreso
Comprendía que el talento, la creatividad y el trabajo de los ciudadanos son fuerzas fundamentales para el desarrollo económico y social.
Cuarto: capacidad de unir voluntades
Como tuve la oportunidad de comprobar, personalmente, puedo afirmar que su liderazgo tenía la capacidad extraordinaria de transformar un grupo diverso en un equipo unido por un propósito superior.
Quinto: sentido de responsabilidad histórica
Joaquín Vallarino entendía que las decisiones que se toman en ciertos momentos no afectan solo al presente, sino al futuro de la nación.
Cuando estas virtudes se reúnen en una sola persona, no solo se crean empresas o instituciones: se ayuda a construir país.
Permítanme compartir una reflexión final
Con el paso del tiempo, las naciones recuerdan los grandes acontecimientos de su historia, pero muchas veces olvidan a los hombres que, con paciencia, inteligencia y sentido de responsabilidad, construyeron las instituciones que sostienen la vida de la República.
Hoy tenemos la oportunidad de reconocer a uno de esos hombres.
La patria se consolida gracias al andar de sus hijos. Y Joaquín Vallarino Espinosa fue, sin duda, uno de esos hijos que caminaron con paso firme en la construcción de Panamá.
Permítanme resumir en una sola idea el significado de su vida:
Joaquín Vallarino Espinosa comprendió que amar a Panamá no era solamente sentir orgullo por la patria, sino trabajar todos los días para construirla.
Y por eso podemos decir hoy, con gratitud y respeto: Panamá no sería el país que hoy conocemos sin ciudadanos que creyeron en su destino.
Joaquín Vallarino Espinosa fue uno de esos hombres. Y por eso su nombre pertenece, con justicia, a la historia de la República.
Muchas gracias.


