Octubre marca uno de los hitos que han permitido uno de los recorridos más importantes para la sociedad panameña. Hace 46 años entraron en ejecución los Tratados Torrijos Carter. Desaparece la Zona del Canal, su policías y tribunales. Desde entonces recoger mangos en la «Zona» no es delito. Se crean los corregimientos de Ancón, Balboa y Cristóbal y se iza -como símbolo de nuestra soberanía- la bandera en la cima del Cerro Ancón. Hoy los panameños se debaten en decisiones sobre la necesidad de construir y reconocer un imaginario social que lo vinculan con el Canal. En contracorriente, el agua y la historia del Canal se disuelven sin comprender ni integrar al imaginario colectivo. La decisión de olvidar tiene como condición de la no-educación como catalizador y clave para su disolución.
¿Entendemos la importancia del agua? ¿Reconoce el panameño de a pie dónde van a dar los beneficios del Canal? ¿Cuál es la memoria construida sobre él? Somos testigos de que la memoria del Canal se disuelve, como el azúcar en el agua. El Ejecutivo, como órgano de gobierno, es el primero en disolverse cuando presenta ante el Legislativo el presupuesto con recortes al presupuesto al IDAAN. La tarea del IDAAN, como responsable es la de producir y distribuir el agua, dimensión ambiental que el Canal administra. Hoy, la tarea del IDAAN está siendo cercenada por el Ejecutivo. El agua que administra el Canal para la mitad de la población del país está limitada por decisiones guiadas por mentes torpes, prepotentes y sin compromiso y que miran para otro lado para integrarse a la corrupción que invade a la sociedad. Son estos mismos agentes los que nos gobiernan.
El olvido y la ausencia de memoria arremete contra la construcción de nuestra propia identidad.
Esta combinación no presenta los mejores ingredientes para producir “el agua buena”. El recorte para el IDAAN no está separado del tajo que se le hace al Meduca ni al Instituto Oncológico y al ITSE. La pobreza material y la falta de empleo habita entre la mayoría de los panameños. Para digerir la pócima perversa para esta enfermedad, hay que tomarla sin educación y en ayunas.
El Canal “es responsable de la administración, manejo, uso y conservación del recurso hídrico de la Cuenca del Canal de Panamá”. El Canal administra el agua para dos propósitos: el primero, para garantizar el consumo para la población y, el segundo, asegurar el recurso para el tránsito de los buques por el Canal. El agua administrada por el Canal proporciona un beneficio social que no se entiende. La falta de educación, los intereses personales y la corrupción llevan por un mal camino las decisiones sobre una buena distribución del agua para el bienestar de la mitad de la población del país.
El futuro trago de agua que esperamos recibir gravita sobre el proyecto de Río Indio. Río Indio garantizará que la ACP cumpla su tarea y repito: proveer agua para beber y para el tránsito de los buques. Me parece que el Ejecutivo desconoce el valor del agua para Panamá y ha olvidado su importancia para Panamá y para el mundo. ¿Se entiende? ¿Entienden quienes nos gobiernan que el hecho de limitar el presupuesto del IDAAN no apoyará que los otros esfuerzos institucionales se fortalezcan? Señores, la fiebre no está en la sábana. No quiero pensar que esta acción es intencionada con otros propósitos personales y no para el bien social.
El olvido y la ausencia de memoria arremete contra la construcción de nuestra propia identidad. Agua y patrimonio son dos caras de la misma moneda. Insisto, nuestra identidad se disuelve entre la ignorancia y ausencia de educación donde el caldo de la corrupción hace aumentar la reacción de la pócima fatal que estamos bebiendo.
El significado del agua para la gente y el Canal no es entendido por quienes ejercen poder.
En un país con sed de un refrescante sorbo de agua, pregunto: ¿se entiende, se apropia y defiende algo de esta historia del Canal y del agua?


