Hace 48 años, el mundo fue testigo de un acontecimiento que cambió para siempre la historia de Panamá y de nuestra América.
El 7 de setiembre de 1977, el general Omar Torrijos Herrera y el presidente James Carter firmaron los Tratados Torrijos-Carter, los cuales pusieron fin a una larga etapa de presencia colonial en nuestro territorio.
Ese día la dignidad de un pueblo pequeño brillói más que el poderío de una potencia mundial. Ese día Panamá conquistó lo que generaciones enteras soñaron: el derecho a ser dueños absolutos de nuestro suelo y a recuperar el corazón de nuestra soberanía: la Zona del Canal y el Canal de Panamá
No fue una dádiva, no nos lo vendieron por un dólar. Es el fruto del sacrificio de un pueblo que sembró su sangre para que la tierra de la liberación nacional rindiera frutos; trabajadores, campesinos, y mártires que desde el 9 de enero de 1964, regaron con su sangre el camino que nos conducía a alcanzar nuestra liberación nacional y descolonización.
Fue la victoria sobre una lucha encabezada por un liderazgo que supo convertir la causa de Panamá en la religión del mundo. Ese liderazgo es el del general Omar Torrijos Herrera, quien pudo convertir la causa panameña en la causa y de toda la humanidad.
Recordar esta fecha no es retroceder ni observar el pasado con nostalgia. Es mirar el presente con visión de futuro, mirarlo con compromiso.
Con los Tratados Torrijos Carter se inauguró, también, un nuevo orden mundial, nacido el 7 de setiembre de 1977. Porque si Panamá pudo, toda América Latina también se hizo más libre. Porque aquel acto heroico demostró que la justicia y la soberanía no se mendigan, sino que se conquistan con firmeza, sacrificio y dolor, con diplomacia y con coraje.
Ese día Panamá fue más libre. Porque el torrijismo, con su voz clara y su acción decidida, le mostró al continente y al mundo que la soberanía no depende del tamaño del territorio ni del poder militar, sino de la dignidad de los pueblos y su decisión inquebrantable de ser libres.
Hoy, a 48 años de esa victoria, la memoria nos convoca a una reflexión profunda. ¿Estamos siendo dignos herederos de aquel legado? El Canal volvió a nuestras manos, pero la tarea no terminó. Nos corresponde administrarlo con transparencia y cuidarlo con responsabilidad Y, sobre todo, garantizar que sus beneficios lleguen a todos los panameños y que no sea el Canal para el beneficio solo de élites económicas, ostentadoras de poder económico y político. Parafraseando a Omar: que pase de «amos blancos a amos chocolates».
Compañeros:
Recordar esta fecha no es retroceder ni observar el pasado con nostalgia. Es mirar el presente con visión de futuro, mirarlo con compromiso. Es saber que la soberanía no se defiende una sola vez: Se defiende todos los días frente a nuevas formas de dominación, frente a quien aún pretende decidir por nosotros.
Omar Torrijos nos enseñó que Panamá es mucho más que un punto en el mapa. Panamá es un pueblo con dignidad, capaz de alzar su voz y de transformar el destino. Que este 48 aniversario nos inspire a seguir construyendo una patria más justa, más libre y más solidaria, una patria que honre a sus mártires. Una patria que haga del Canal, no solo un símbolo de soberanía, sino un motor de desarrollo y de igualdad social.


