Las últimas semanas los medios de comunicación social han reportado el ingreso a Panamá de una gran cantidad de personas de diversas nacionalidades, que utilizan el área fronteriza de nuestro país con Colombia, como paso de tránsito rumbo a su destino.
Una travesía realmente digna de un programa de realidad de Hollywood, es lo que viven estas miles de personas que se exponen en busca de una mejor forma de vida.
Familias enteras con niños pequeños, grupos de personas, perseguidos políticos son las que diariamente juegan a la ruleta rusa, para poder conseguir una mejor oportunidad de vida, lejana a la nación que los vio nacer.
Sumado a ello, se mezclan con panameños residentes en esas áreas, y que en muchos de los casos, están prácticamente olvidados por las autoridades del gobierno.
Estas personas que ingresan por la selva espesa o como náufragos con balsas improvisadas, necesitan el auxilio de las autoridades locales, para hacer frente a casos de desnutrición, enfermedades, entre otros.
Lo que algunos de los desplazados relatan es que las autoridades del hermano país de Colombia los dejan pasar a territorio panameño, pero Costa Rica impide el camino que siguen quedando detenidas en Panamá.
Esto se transforma en problemas de tipo económico para el Estado panameño que se ve por razones humanitarias obligado a proporcionar alimento, ropa y medicinas a esos inmigrantes.
La inmigración ilegal sigue siendo un problema grande para los países del mundo, por que estos éxodos masivos, obliga a replantar las políticas migratorias y humanitarias internas de cada nación.
La deportación debe ser lo usual en muchos de los casos, pero cuando somos conscientes de las realidades y las posibles consecuencias que puede traer su deportación, nos obliga a reconsiderarlo por razones estrictamente humanitarias.
La frase “Panamá es puente del Mundo y Corazón del Universo”, recobra fuerza cuando estos desplazados acuden al istmo panameño como una posible solución a sus problemas, haciendo trabajos de subsistencia que muchos de los nacionales no aceptan por ser salarios muy por debajo de lo permitido.
Países como Venezuela, Cuba, Haití, África, y otros, han forzado a sus nacionales a vivir una odisea que muchos de nosotros, lo pensaríamos dos veces.
Es por eso que consideramos imperante, que políticas de Estado en este sentido, deben ser revisadas en Panamá, que nos lleve a evaluar cada caso, y no debemos ver esto como un disparate.
Ya que nuestro más preciado recurso o activo que es el Canal de Panamá, se logró con el aporte del sudor de mucha mano extranjera.
Las personas desde que pisan nuestro territorio, se convierten en nuestra responsabilidad, por tal motivo hasta tanto a estas personas no se les resuelva su situación jurídica migratoria, somos del criterio deberán recibir apoyo del Estado panameño, suministrándoles los insumos necesarios básicos para su subsistencia y la educación de los niños que tengan la edad para ello, mientras estén en Panamá.


