¿Lanzamos los dados?

Julio Briceño
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Son muchas las cosas que vemos que ocurren a nuestro alrededor, algunas buenas y otras malas, pero por algún motivo llegamos a verlo normal cuando se repiten en el tiempo e incluso desaparecen mágicamente haciéndose imperceptible a nuestros sentidos.

Es aquí, cuando en la soledad de nuestra habitación reflexionamos y evaluamos detalladamente lo que ocurre y es cuando de la misma forma mágica en que desaparecieron, de la misma forma mágica aparecen, para hacernos pensar ¿qué estamos haciendo?

La falta de conocimiento nos ha llevado como sociedad, a no valorar la importancia que tiene cada ciudadano y su papel en la comunidad.

Pensamos equivocadamente, que quienes fueron elegidos para dirigir, son nuestros dueños, cuando realmente están ahí porque nosotros lo permitimos. Su labor y su desempeño debe ser supervisado por cada panameño, no es una cesión de derechos para que actúen como ellos quieran o a su total conveniencia.

No es más que un mandato que concede el pueblo, para ejercer determinadas funciones y por un tiempo definido, ni más ni menos.

Una analogía de los que sostengo, es lo mismo que ocurre cuando los dueños de una empresa contratan a un empleado, y éste debe seguir las políticas que exigen los dueños.

En este caso los dueños, somos todos los panameños y el empleado es el gobierno, quien administra la empresa que es el Estado.

En una empresa, los dueños contratan al empleado que este mejor calificado, para que la haga crecer y desarrollarse, y que las ganancias sea distribuida entre sus dueños.

Lo cierto es, que cuando el plan de trabajo que fue diseñado por el empleado, no llega a los resultados esperados, los dueños intervienen, para enrumbar el camino propuesto por ese empleado, y evitar consecuencias trágicas que pueden ocasionar crisis o la quiebra de la empresa.

Es lo mismo que ocurre en la Cosa Pública. Como dueños debemos supervisar sin que esto genere algún tipo de malestar o incomodidad de ese empleado, debido a que él tiene una doble responsabilidad, la primera fue que recibió la confianza de los dueños que somos todos los asociados y la segunda él también es dueño.

Aunque este ejercicio parezca un juego de palabras, los roles están claramente definidos y delimitados. Lo que amerita agregar es que ese rol fiscalizador de los dueños es prioritario obligándolos a ser conscientes diligentemente de esa supervisión, y saber cual es la empresa misión, visión y objetivos de la misma.

Toda gran empresa, genera una responsabilidad para los dueños o socios, y en la Administración Estatal ocurre igual, no podemos pretender desconocer o desconectarnos de la función que nos obliga y nos compromete por derecho propio de ser ciudadanos de una país.

Esto nos exige como personas a estudiar, y a capacitarnos sobre el funcionamiento del Estado, a comprender los escenarios y evitar la ignorancia o el desconocimiento nos gire en contra, para beneficio de los que pretenden hacer ver que llegaron como salvadores.

Panamá en lo particular, requiere educación y capacitación de sus ciudadanos, para que la época histórica del cambio “de los espejos por oro, no nos ocurra con nuestra propia gente”.

Depositar la confianza ciudadana y la suerte de miles de personas, solamente en un individuo, es algo serio que no puede ser visto como un juego de azar, o simplemente lanzar los dados.

La forma correcta es despertar esa conciencia crítica desde el núcleo familiar, que la semilla de esa inquietud germine en los estudios superiores, de tal forma que tengamos mujeres y hombres pensantes que no sean objeto de charlatanes y estafadores, que no tienen la más mínima importancia por el prójimo, y cuya preocupación social brota cada 5 años, con la llegada de unas elecciones generales.

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